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✓ 12 ediciones documentadas — 161 artistas han participado

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Números, sede y manías de la casa

Ediciones documentadas122014–2026
Años de historia13 añosdesde 2014
País habitualEstados Unidos

Sobre el festival

Big Ears convierte la escucha en una forma de recorrer una ciudad. Durante cuatro días, Knoxville no desaparece detrás de un recinto cerrado: permanece visible entre un concierto y otro, en las aceras que conectan sus teatros históricos, en las iglesias elegidas por su resonancia, en las galerías donde una instalación continúa sonando durante horas y en los cafés donde el público intenta reorganizar un horario que ya era imposible desde el principio. El festival puede reunir a un compositor minimalista, una improvisadora de jazz, un grupo de folk de los Apalaches, un productor electrónico y una película experimental dentro de la misma tarde. No espera que esas propuestas se parezcan; confía en que la curiosidad del visitante encuentre relaciones que un cartel dividido por géneros normalmente mantendría separadas.

Ashley Capps creó Big Ears en 2009 después de décadas promoviendo conciertos desde Knoxville y de participar en el nacimiento de Bonnaroo. El nuevo proyecto, sin embargo, no buscaba reproducir la escala campestre ni la lógica de grandes escenarios de aquel festival. Su primera edición fue una reunión más pequeña y deliberadamente aventurera, celebrada en febrero y encabezada por artistas como Philip Glass, Antony and the Johnsons, Jon Hassell, Pauline Oliveros, Fennesz, Matmos y The Necks. El programa conectaba composición contemporánea, ambient, improvisación, electrónica y rock experimental sin convertir una corriente en centro absoluto. Desde el comienzo, la intención no consistía solo en presentar artistas poco habituales, sino en crear circunstancias excepcionales: obras completas, colaboraciones, actuaciones adaptadas a un espacio concreto y encuentros que difícilmente formarían parte de una gira ordinaria.

La edición de 2010 amplió el campo de acción. Terry Riley compartió el festival con The xx, Joanna Newsom, Vampire Weekend, Dirty Projectors, Ben Frost, Tim Hecker y Liturgy, mientras Bang on a Can All-Stars reinterpretó Music for Airports de Brian Eno. La convivencia entre nombres del indie con gran convocatoria, compositores fundamentales y músicos asociados al ruido o la experimentación demostró que Big Ears podía ser accesible sin simplificar su propuesta. Sin embargo, el proyecto todavía era frágil y no se celebró entre 2011 y 2013. Su regreso en 2014 inició una etapa más estable, apoyada por fundaciones, donantes y una relación creciente con las instituciones culturales de Knoxville. A partir de entonces, dejó de parecer una anomalía ocasional y comenzó a consolidarse como uno de los encuentros de escucha más particulares de Estados Unidos.

La ciudad terminó convirtiéndose en parte inseparable de su método. El Tennessee Theatre y el Bijou Theatre ofrecen interiores históricos y producciones de mayor escala; iglesias y capillas permiten escuchar música coral, drones, cuerdas o piezas electroacústicas dentro de arquitecturas cuya reverberación modifica la obra; clubes, salones y galerías acercan al público a improvisadores y proyectos difíciles de presentar en auditorios grandes. El Knoxville Museum of Art, The Mill & Mine, Jackson Terminal y otros espacios completan una red que cambia cada año. Caminar entre ellos obliga a abandonar la idea de verlo todo. Una presentación de aforo reducido puede llenarse antes de la hora anunciada, y llegar tarde a un concierto considerado imprescindible puede significar esperar hasta que alguien salga. La planificación importa, pero también la capacidad de renunciar y elegir otra ruta.

Ese riesgo de perderse algo es una de las tensiones centrales del festival. Big Ears ofrece cientos de conciertos, conversaciones, películas, talleres e instalaciones, con múltiples actividades simultáneas desde la mañana hasta la noche. El visitante puede preparar un horario minucioso y verlo desintegrarse durante el primer día: una actuación dura más de lo esperado, la caminata toma tiempo, una conversación con otro asistente revela un proyecto desconocido o una iglesia alcanza su capacidad. En lugar de resolver ese exceso, el festival lo utiliza como estímulo. La experiencia no consiste en completar una lista, sino en construir un recorrido personal. Algunas personas siguen retrospectivas dedicadas a John Zorn, Philip Glass o Laurie Anderson; otras alternan jazz, música tradicional, rock, cine y obras que todavía no saben cómo describir.

La programación ha mantenido esa amplitud mediante figuras que funcionan como puentes. Pauline Oliveros, Meredith Monk, Terry Riley, John Luther Adams, Steve Reich y Philip Glass han conectado la composición experimental con generaciones posteriores; John Zorn ha mostrado cómo improvisación, música de cámara, rock y tradiciones judías pueden coexistir dentro de una sola obra; Rhiannon Giddens y Béla Fleck han situado las músicas de raíces estadounidenses dentro de conversaciones históricas más amplias. Artistas de jazz como Anthony Braxton, Wadada Leo Smith, Mary Halvorson, Bill Frisell, Kamasi Washington y Shabaka han convivido con Laurie Anderson, Spiritualized, Wilco, Sufjan Stevens, Matmos, William Basinski y músicos llegados de escenas internacionales. El resultado no es eclecticismo como acumulación, sino una investigación continua sobre las conexiones entre formas de escuchar.

La pausa causada por la pandemia puso en riesgo ese modelo basado en desplazamientos, encuentros y aforos compartidos. La edición de marzo de 2020 fue cancelada cuando el programa ya estaba avanzado, y en 2021 no se realizó un festival completo. La organización mantuvo actividades especiales y regresó con su formato integral en 2022. Las ediciones posteriores mostraron un crecimiento considerable: en 2025, Philip Glass Ensemble, ANOHNI and the Johnsons, Esperanza Spalding, Yo La Tengo, Sun Ra Arkestra, Arooj Aftab, Tortoise y Meshell Ndegeocello fueron parte de un cartel que seguía mezclando generaciones. En 2026, más de 250 actividades ocuparon alrededor de 24 recintos, con David Byrne, Robert Plant, Laurie Anderson, Flying Lotus, Pat Metheny y una retrospectiva de doce obras de John Zorn.

Big Ears regresará del 1 al 4 de abril de 2027, pero su continuidad no depende únicamente de anunciar otra edición. Su importancia está en haber convertido a Knoxville en un lugar donde la música experimental no se presenta como una obligación intelectual ni como un territorio reservado para especialistas. El festival exige atención, caminatas, decisiones y cierta tolerancia a la frustración, pero también permite que una obra desconocida transforme por completo el resto del día. Su escala actual puede resultar abrumadora, y la imposibilidad de verlo todo se ha vuelto más evidente con cada crecimiento. Aun así, conserva una idea sencilla y poco frecuente: escuchar ampliamente no significa consumir más, sino permitir que músicas, espacios y públicos que suelen vivir separados se modifiquen entre sí.

Sitio oficial · bigearsfestival.org

Redes

Ficha

Mes habitual
marzo
Duración típica
4 días
Ciudad habitual
Knoxville, Tennessee
Racha más larga
7 años seguidos
Primera edición
2014

Línea del tiempo

Un artista por año, el del mejor ranking

Artistas recurrentes

Los que más han repetido en ediciones de esta franquicia.

6
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