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2 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
Números, sede y manías de la casa
Bésame Mucho parte de una idea que parece sencilla hasta que se observa el cartel completo: reunir en una sola jornada varias décadas de música latina y permitir que cada generación encuentre una parte de su propia historia. En el mismo terreno pueden coincidir quienes crecieron escuchando norteño en reuniones familiares, quienes descubrieron el rock en español durante los años ochenta y noventa, quienes todavía recuerdan las coreografías del pop juvenil y quienes siguen las nuevas formas de música mexicana. El resultado no es un festival organizado alrededor de una tendencia puntual, sino una acumulación deliberada de recuerdos, canciones y escenas que normalmente viven separadas. Un escenario puede estar cantando una balada conocida por los padres mientras, a unos minutos de distancia, otra multitud salta con una banda que marcó la adolescencia de sus hijos.
La marca apareció en Los Ángeles en 2022, aunque su historia está conectada con Tropicália, un festival previo dedicado a la música latina que había reunido rock, cumbia, soul y sonidos alternativos en el sur de California. El nuevo proyecto cambió la escala, la sede y el énfasis: Bésame Mucho se instaló alrededor de Dodger Stadium y convirtió la nostalgia multigeneracional en su argumento principal. La primera edición reunió a 58 artistas y agotó entradas casi de inmediato, confirmando que existía una audiencia enorme para un festival en el que Los Tigres del Norte, Caifanes, Café Tacvba, Juanes, Ramón Ayala, Sin Bandera, Julieta Venegas, Zoé, Fey, OV7, Banda El Recodo y Elvis Crespo podían pertenecer al mismo día. No se trataba únicamente de representar diferentes géneros, sino de reunir las distintas maneras en que las familias latinas de Estados Unidos habían escuchado música durante décadas.
El formato es tan atractivo como exigente. Bésame Mucho concentra en unas doce horas lo que otros festivales repartirían durante dos o tres días, con cuatro escenarios funcionando casi sin descanso y numerosos artistas ofreciendo sets más breves de lo habitual. Las áreas se organizan alrededor de identidades reconocibles como Rockero, Las Clásicas, ¿Te Gusta el Pop? y Beso, aunque sus límites nunca son completamente rígidos. El público debe decidir si permanece frente a una sola escena para conservar una buena posición o si acepta caminar repetidamente para construir un recorrido más variado. Esa decisión forma parte de la experiencia: cambiar de un coro de rock en español a una canción norteña, pasar después por una coreografía pop y terminar bailando cumbia puede ser emocionante, pero también significa renunciar a otras actuaciones que ocurren al mismo tiempo.
La segunda edición de Los Ángeles, celebrada en 2023, confirmó que la fórmula podía crecer sin perder su carácter familiar. Maná y Los Bukis encabezaron una jornada en la que también aparecieron Gloria Trevi, Alejandro Fernández, Pepe Aguilar, Natalia Lafourcade, Café Tacvba, Caifanes, Los Ángeles Azules, Camila, Reik, Belinda y Paquita la del Barrio. Las entradas se agotaron en alrededor de setenta minutos, y el público volvió a mostrar una mezcla poco común en festivales de gran escala: adolescentes con camisetas heredadas, parejas que conocían cada palabra de las baladas, grupos de amigos vestidos para revivir el pop de los noventa y familias enteras trasladándose juntas entre escenarios. Algunas actuaciones funcionaban como conciertos; otras parecían reuniones masivas donde la canción pertenecía tanto a la multitud como al artista.
La expansión a Austin en 2024 trasladó esa identidad desde un estacionamiento urbano de Los Ángeles hasta Circuit of the Americas, un recinto amplio y abierto en las afueras de la ciudad. Las plataformas giratorias ayudaron a sostener un programa de más de ochenta artistas, reduciendo los cambios entre sets y manteniendo la música en movimiento durante prácticamente todo el día. Los Tigres del Norte, Banda MS, Grupo Frontera, Caifanes, Café Tacvba, Molotov, Belanova, Alejandra Guzmán y Danna Paola formaron parte de la primera edición texana, mientras que la de 2025 acercó el cartel al presente con Peso Pluma y Carín León sin abandonar a Ramón Ayala, Bronco, Hombres G, Magneto, Fey, Mónica Naranjo, Kabah o Los Tigres del Norte. La combinación mostró que Bésame Mucho podía seguir vendiendo memoria sin quedar encerrado exclusivamente en ella.
Asistir exige resistencia y planificación. No hay camping ni una estancia prolongada que permita recuperar lo perdido al día siguiente: todo ocurre en una sola jornada y cada traslado tiene consecuencias. Los caminos entre escenarios pueden llenarse cuando terminan las actuaciones más populares, las filas de comida consumen tiempo valioso y la temperatura cambia según la ciudad y la época del año. En Los Ángeles, las tardes de diciembre pueden comenzar con sol y terminar con frío; en Austin, el terreno abierto y los desplazamientos largos obligan a pensar en calzado, agua, transporte y puntos de encuentro. La abundancia del cartel es el principal atractivo, pero también su contradicción más evidente. El festival promete decenas de artistas que el público ha esperado años por ver, aun sabiendo que nadie podrá presenciar todos los conciertos completos.
La cancelación de Los Ángeles en 2024 interrumpió una trayectoria que parecía consolidada. La organización anunció que la edición no podía realizarse por circunstancias fuera de su control, y aunque Austin continuó en 2025, no apareció una convocatoria para 2026. Esa incertidumbre no borra lo que Bésame Mucho consiguió en sus primeras ediciones: convertir repertorios que a menudo se presentan por separado en una conversación colectiva sobre memoria, migración, familia y música popular. Su identidad nunca dependió de la pureza de un género, sino de escuchar cómo un bolero, una canción norteña, un himno de rock y un éxito de pop pueden pertenecer a la misma biografía. En sus mejores momentos, Bésame Mucho fue menos una colección de nombres famosos que una reunión de generaciones que, por un día, encontraron un escenario común.
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