2023

COUNTRY - FOLK - LATIN

Colombia al Parque

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✓ 1 ediciones documentadas — 16 artistas han participado

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Números, sede y manías de la casa

Ediciones documentadas12023–2023
Años de historia25 añosdesde 2002
País habitualColombia

Sobre el festival

Bogotá es una ciudad construida, en buena medida, por personas que llegaron desde otras regiones de Colombia llevando consigo comidas, acentos, memorias y músicas. Colombia al Parque convierte esa realidad cotidiana en un escenario. Durante un fin de semana, el Parque de los Novios puede pasar de las gaitas del Caribe a una marimba del Pacífico, de una familia tocando guabinas y torbellinos a una propuesta que mezcla cumbia con electrónica. No intenta decidir cuál de esas músicas representa mejor al país. Su idea más interesante consiste precisamente en lo contrario: mostrar que Colombia no posee una sola banda sonora y que Bogotá, sin pertenecer exclusivamente a ninguna región folclórica, puede funcionar como lugar de encuentro para prácticamente todas ellas.

La primera edición se realizó en 2002, aunque su historia comienza algunos años antes. En 1998, el Distrito ya organizaba experiencias como el Festival Distrital de Música Llanera y Bogotá Vallenata, mientras Rock, Jazz, Hip Hop y Salsa al Parque habían demostrado que el espacio público podía convertirse en una poderosa herramienta de circulación musical. Faltaba, sin embargo, un festival que no se organizara alrededor de un único género, sino alrededor de la diversidad musical del país. Colombia al Parque nació para ocupar ese vacío. Sus primeras temporadas fueron itinerantes: La Media Torta, teatros, auditorios, parques y plazoletas recibían diferentes jornadas, como si la propia dispersión geográfica intentara reproducir la cantidad de regiones que el festival quería representar.

Con el tiempo, Parque de los Novios se convirtió en su casa más estable. Es una elección particularmente adecuada para un festival que mantiene un fuerte componente familiar. No hay camping, la entrada es gratuita y buena parte del público llega desde el mediodía con niños, amigos o familiares para instalarse sobre el césped. En lugar de la presión de un festival comercial donde cada minuto debe justificarse por el precio del boleto, aquí es posible escuchar un concierto, caminar por la zona gastronómica, acercarse a emprendimientos culturales, participar en un taller y regresar después a la tarima. La experiencia conserva una escala relativamente sencilla incluso cuando la asistencia alcanza decenas de miles de personas.

Durante más de dos décadas, esa tarima ha servido como una especie de mapa sonoro del país. Por allí han pasado Totó La Momposina, Petrona Martínez, Jorge Velosa, Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez, Fruko y sus Tesos, Leonor González Mina y Orlando “El Cholo” Valderrama, artistas cuya obra pertenece a tradiciones muy diferentes. Junto a ellos han aparecido grupos de gaitas, marimberos, carrangueros, conjuntos llaneros, duetos andinos, cantadoras, chirimías y proyectos insulares. El festival permite escuchar en unas horas instrumentos que normalmente están separados por cientos de kilómetros: tiple y requinto, arpa llanera, marimba de chonta, gaita, tambora, acordeón, guasá y percusiones afrocaribeñas terminan compartiendo la misma ciudad.

Pero Colombia al Parque nunca quiso limitarse a una reconstrucción respetuosa del pasado. Uno de sus rasgos más constantes ha sido permitir que músicos jóvenes alteren esas tradiciones. La Mojarra Eléctrica, Curupira, Frente Cumbiero, Systema Solar, Mitú y numerosos proyectos han utilizado jazz, rock, improvisación, electrónica o producción digital para reconsiderar ritmos tradicionales. Esa convivencia evita que palabras como patrimonio o raíz impliquen inmovilidad. Una cumbia puede tocarse con formato tradicional y algunas horas después aparecer fragmentada dentro de un set electrónico. La marimba puede sostener un currulao o entrar en una producción urbana. El festival funciona mejor cuando esas versiones no compiten por decidir cuál es más auténtica, sino que muestran diferentes maneras de relacionarse con una herencia.

La apertura internacional comenzó a hacerse visible desde 2008 y añadió otra capa. Susana Baca, Inti-Illimani, The Garifuna Collective, Los Mirlos, Lila Downs, Billo’s Caracas Boys, Pascuala Ilabaca, Bostich + Fussible y otras figuras permitieron colocar las músicas colombianas dentro de una conversación latinoamericana más amplia. Esa perspectiva resulta especialmente natural cuando se escuchan ritmos que han viajado durante siglos por el Caribe, los Andes y el Pacífico. Colombia al Parque no presenta la tradición nacional como algo aislado detrás de fronteras. Al contrario, muestra cuánto comparte con Perú, México, Venezuela, Chile, Centroamérica y el Caribe y cómo muchos sonidos considerados locales son el resultado de migraciones, intercambios, diásporas y transformaciones.

El programa también se ha extendido mucho más allá de los conciertos. Talleres y conversatorios reúnen músicos, investigadores y gestores; la danza aparece como otra forma de transmitir memoria; zonas de emprendimiento dan visibilidad a proyectos culturales; la gastronomía convierte regiones musicales en sabores; iniciativas ambientales y actividades literarias ocupan otras partes del parque. Ese carácter pedagógico nunca necesita convertirse en una clase formal. Un niño puede escuchar por primera vez una marimba, ver cómo se baila un bullerengue y después participar en una rueda de tambores sin que nadie tenga que presentarlo como una obligación educativa. La transmisión ocurre precisamente porque está integrada en una fiesta.

La edición de 2026 llevó esa lógica hacia las cantoras. Bajo el concepto Arrullo, fiesta y siembra, las mujeres dejaron de aparecer únicamente como parte del cartel para convertirse en el eje desde el cual se contaba la historia. Martina Camargo llevó tambora y tradición oral; Belkis Concepción transformó el cierre del sábado en una celebración de merengue; Flor de Cerezo y Reburú mostraron distintas formas de relacionarse con gaitas y Pacífico; Marta Gómez cerró el domingo desde un registro más íntimo. Entre medias estuvieron la Orquesta de Lucho Bermúdez, Bambarabanda, Bejuco, Quilapayún y Amantes del Futuro, haciendo que memoria y experimentación convivieran frente a unas 25,000 personas.

Más de veinte años después de su primera edición, Colombia al Parque sigue siendo un festival difícil de reducir a tres géneros porque su verdadero tema no es un sonido, sino un país. Su importancia está en permitir que una ciudad enorme y profundamente migrante escuche durante dos días las regiones que la componen. La tradición no aparece como una pieza que debe protegerse detrás de un vidrio, sino como algo que se baila, se modifica, se transmite y vuelve a mezclarse. Cuando las familias se extienden sobre el césped del Parque de los Novios mientras gaitas, marimbas, acordeones y sintetizadores cambian de turno sobre la misma tarima, la idea de Colombia deja de ser abstracta y se vuelve audible.

Sitio oficial · colombiaalparque.gov.co

Redes

Géneros

COUNTRY

FOLK

LATIN

Ficha

Mes habitual
marzo
Duración típica
2 días
Ciudad habitual
Bogotá, Bogotá
Organizador
IDARTES (Instituto Distrital de las Artes, Bogotá)
Primera edición
2002

Línea del tiempo

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Artistas recurrentes

Los que más han repetido en ediciones de esta franquicia.