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1 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
2023NAME Festival 2023
Números, sede y manías de la casa
Las fábricas, estaciones, puertos y minas abandonadas suelen guardar silencio bastante bien; NAME Festival lleva dos décadas empeñado en demostrar que también pueden funcionar con un sistema de sonido. Desde 2005, el festival francés ha construido buena parte de su identidad ocupando espacios industriales y patrimoniales del norte del país y devolviéndolos temporalmente a la vida mediante techno, house, audiovisuales y cultura de club. Más que instalar un escenario en cualquier terreno disponible, NAME acostumbra a elegir lugares cuya historia participa en la experiencia: una antigua estación postal en Lille, una fábrica en Roubaix, instalaciones textiles en Tourcoing o un pozo minero en Oignies pueden convertirse durante unas horas en clubes efímeros.
La iniciativa nació dentro de Art Point M y de la cultura electrónica que rodeaba a la artista Fanny Bouyagui. Era 2005, cuando la rave europea estaba aprendiendo a sobrevivir al desplazarse desde espacios ilegales hacia estructuras culturales y festivales más organizados. La primera edición ya dejó clara la ambición territorial: Lille, Dunkerque y Maubeuge participaron en un recorrido que mezclaba DJs internacionales, live acts y creación visual. Ellen Allien apareció desde el principio y terminó convirtiéndose en madrina del festival, manteniendo una relación excepcionalmente larga con una marca que encontró en el techno berlinés, la minimal y el house algunas de sus primeras coordenadas.
El programa de aquellos años parece hoy una fotografía particularmente buena de la electrónica europea de mediados de los dos mil. Ricardo Villalobos, Luciano, Matthew Herbert, Marc Houle, Troy Pierce, Superpitcher, Sascha Funke, Booka Shade, M.A.N.D.Y., Ivan Smagghe, Steve Bug o T. Raumschmiere convivían con una escena francesa y regional que NAME nunca trató como simple relleno. Desde el comienzo existía una idea de circulación: figuras reconocidas, artistas que todavía estaban creciendo y productores locales podían formar parte del mismo itinerario sin que el festival pareciera una colección de headliners aislados.
Esa filosofía sobrevivió a los cambios musicales. Cuando la minimal perdió su posición dominante, NAME no intentó congelarse en la estética de 2006. House, acid, electro, indie dance, techno más duro y corrientes nuevas fueron entrando en distintos momentos, mientras nombres como Laurent Garnier, Nina Kraviz, Charlotte de Witte, Solomun, Maceo Plex, Adriatique, Kobosil o Indira Paganotto reflejaban generaciones diferentes. El denominador común siguió siendo la electrónica entendida desde una lógica de club: sesiones con tiempo para desarrollarse, importancia del sonido y una relación física entre DJ, espacio y pista.
Los lugares son casi otro integrante del cartel. La Condition Publique de Roubaix se convirtió durante años en una de las casas más reconocibles del festival, combinando arquitectura industrial y noches de gran formato. Gare Saint Sauveur permitía trabajar de día en Lille; la Chapelle des Jésuites de Saint-Omer ofrecía un contraste radical entre música electrónica y arquitectura religiosa; y el complejo minero 9-9bis de Oignies llevó esa obsesión patrimonial a uno de sus escenarios más explícitos. Allí, antiguos castilletes y estructuras de extracción rodean una pista donde el ruido mecánico de otra época ha sido sustituido por kick drums, aunque la asociación entre máquinas e hipnosis siga siendo curiosamente natural.
NAME también desarrolló una dimensión que no siempre se ve desde la pista. Desde 2007, su Academy utiliza masterclasses, talleres de producción y encuentros para acercar herramientas de creación electrónica a estudiantes, aficionados y públicos que normalmente no entrarían en contacto con ellas. Esa labor ayuda a explicar por qué Art Point M habla del NAME como plataforma y no únicamente como evento. El festival funciona durante unas noches, pero alrededor quedan formación, vínculos con escuelas, artistas locales, proyectos audiovisuales y posteriormente Family NAME, el sello surgido de la misma comunidad.
En 2025, el vigésimo aniversario volvió al 9-9bis con una programación que mezclaba memoria y presente. Ellen Allien regresó, esta vez utilizando el Métaphone —una sala cuya propia fachada puede funcionar como instrumento— para una creación especial antes de su set. 999999999, Jennifer Cardini, Âme, Adiel, Salome, Soft Crash, Hardt Antoine, Yanamaste y varios artistas vinculados a la escena regional completaron una edición deliberadamente más concentrada que los grandes macrofestivales europeos. El tamaño humano es parte de la postura del NAME: proximidad con los artistas y espacio suficiente para bailar sin convertir cada escenario en una operación de estadio.
La historia entra después en una zona menos definida. La edición principal prevista en Roubaix para 2026 fue retirada y Art Point M dejó claro que no se trató de una decisión propia. La organización, sin embargo, tampoco anunció el final del proyecto: su intención declarada es mantener vivo el NAME mediante nuevos encuentros y formatos. Esa incertidumbre encaja de forma extraña pero casi coherente con un festival que siempre ha cambiado de edificio, ciudad y escala. El NAME nunca dependió completamente de un único recinto. Su verdadero escenario ha sido el norte industrial francés y la idea de que, detrás de una puerta que parecía cerrada desde hace décadas, todavía puede haber una pista esperando que alguien vuelva a encender las máquinas.
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