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1 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
2023Electrique Baroque 2023
Números, sede y manías de la casa
Hay una contradicción visual que Electrique Baroque nunca ha intentado resolver: cuanto más futurista se vuelve la música, más insiste el festival en colocarla frente a edificios que pertenecen a otro siglo. La primera vez ocurrió en 2016 dentro del Ehrenhof de Residenzschloss Ludwigsburg, uno de los grandes complejos barrocos de Alemania. Mientras el palacio mantenía abiertas durante parte del día sus visitas históricas, en el patio se preparaban subgraves, láseres y un mapping monumental sobre fachadas concebidas mucho antes de la electricidad. Esa fricción era la idea completa. Los organizadores de Sonar Marketing no querían simplemente alquilar un castillo porque resultara fotogénico: Electrique Baroque nació en diálogo con la tradicional Venezianische Messe de Ludwigsburg y trasladó parte de su imaginario al lenguaje de un festival electrónico. Los primeros asistentes recibieron incluso máscaras venecianas; walking acts con trajes barrocos circulaban entre un público mucho más joven que el habitual del palacio. Fritz Kalkbrenner encabezó aquella jornada del 10 de septiembre junto a Butch, Karotte, Luna City Express, Solee y otros artistas. En lugar de disimular la incompatibilidad entre rave y residencia real, el festival la convirtió en su firma.
Ludwigsburg permitió desarrollar esa idea con una precisión que fue aumentando durante cuatro veranos consecutivos. En 2017, DJ Koze, Luciano, Dominik Eulberg, Robag Wruhme y Henrik Schwarz orientaron la programación hacia house, minimal y electrónica más sofisticada; en 2018, Monika Kruse, Moonbootica y Extrawelt reforzaron el techno mientras las proyecciones sobre el palacio se rediseñaban para cada edición. En 2019, Marco Carola, Dubfire, Ellen Allien, Booka Shade y Format:B llevaron el cartel hacia una combinación especialmente fuerte de techno y live electronics. El funcionamiento era deliberadamente compacto: durante buena parte de esta etapa había un solo escenario, de modo que el público no necesitaba repartir el día entre zonas enfrentadas. Se llegaba desde Stuttgart con relativa facilidad, se entraba al patio alrededor del mediodía y se permanecía allí hasta las once de la noche. El sol de final de verano caía sobre la piedra clara antes de que el mapping empezara a dominar visualmente el espacio. En una edición calurosa, las crónicas recuerdan que encontrar sombra era casi tan importante como asegurar un buen lugar frente al escenario; cuando anochecía, precisamente aquello que durante el día parecía un patio histórico ordenado se transformaba en una superficie para láseres, color y movimiento.
La pandemia interrumpió esa continuidad en 2020, pero la relación con el castillo todavía tuvo un capítulo extraordinario en 2021. Electrique Baroque regresó el 4 de septiembre como una de las primeras grandes celebraciones open-air de la región desde 2019, con un aforo limitado a unas 5.000 personas, controles 3G, centro de pruebas y un protocolo que incluía las restricciones propias de aquel momento. Monika Kruse, Matthias Tanzmann, Kollektiv Turmstrasse y Felix Kröcher encabezaron una jornada que estaba prácticamente agotada antes de abrir puertas. El dato importa menos por el tamaño que por el contexto: durante meses, una cultura construida alrededor de compartir pista de baile había quedado detenida y el patio barroco volvió a llenarse bajo reglas que recordaban constantemente que aún no existía normalidad completa. Después de esa etapa, el festival dejó Ludwigsburg. La mudanza podría haber destruido su identidad, porque pocos conceptos dependen tanto de una arquitectura concreta. En lugar de buscar una explanada neutral, la organización escogió otra pieza histórica: la Eremitage Waghäusel, un conjunto barroco rodeado de espacios verdes entre Mannheim, Karlsruhe y Speyer. El nombre seguía teniendo sentido aun después de cambiar de ciudad.
El regreso de 2023 inauguró esa segunda vida. Pan-Pot, Sam Paganini, Ida Engberg, Juliet Fox, Lilly Palmer y Klanglos llegaron a Waghäusel en una edición presentada expresamente como comeback, ahora con EBF Events y la colaboración de Cosmopop. El nuevo sitio cambió varias cosas. Ya no se bailaba encerrado por las cuatro fachadas de un gran patio palaciego; la Festwiese de la Eremitage daba más aire y permitía ampliar la producción, incorporar más de un espacio y aumentar el aforo sin perder el edificio histórico como referencia visual. En 2024 aparecieron UMEK, Enrico Sangiuliano, Ann Clue, Deniz Bul, Nora En Pure y Klangphonics; en 2025 el festival creció hasta reunir Pan-Pot, Lilly Palmer, Reinier Zonneveld, Mha Iri, AKA AKA, Moonbootica, Pretty Pink, Mark Dekoda y Lexy & K-Paul. La orientación musical se ha endurecido progresivamente: el house elegante y el melodic techno de las primeras etapas siguen presentes, pero el techno más contundente ocupa hoy una porción mayor del día. Al mismo tiempo, la logística de Waghäusel resulta sencilla para un evento regional: la estación ferroviaria está a pocos minutos a pie y, al terminar alrededor de las diez de la noche, la mayoría del público regresa sin necesidad de camping.
La edición del 13 de junio de 2026 confirmó esa dirección con Reinier Zonneveld, Deborah De Luca, Anna Reusch B2B Space 92, Alfred Heinrichs, AKA AKA, Ely Oaks, LOVRA, Moonbootica, Klanglos y otros nombres repartidos a lo largo de unas diez horas. Para el 12 de junio de 2027 ya existe una nueva fecha y la organización habla de cinco años de la etapa actual, una manera de reconocer implícitamente que Waghäusel funciona casi como una segunda fundación sin borrar la historia iniciada en 2016. Esa continuidad es lo más interesante de Electrique Baroque. Muchos festivales que cambian de venue conservan únicamente un logo y un repertorio; éste necesitaba encontrar otro edificio capaz de sostener su contradicción esencial. Residenzschloss Ludwigsburg ofrecía monumentalidad y un patio completamente envuelto por historia; la Eremitage aporta más apertura y flexibilidad, pero mantiene el diálogo entre piedra barroca y tecnología contemporánea. El festival ha cambiado de ciudad, promotores, escala y sonido, pero todavía depende del mismo gesto: hacer que una arquitectura diseñada para representar poder y orden termine, durante un sábado de junio, funcionando como escenario para miles de personas que han llegado únicamente a bailar.
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