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1 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
2023Komm Schon Alter 2023
Números, sede y manías de la casa
En Ámsterdam, Tuinen van West no es un recinto de rave adolescente. Es un parque de huertos y caminos al oeste de la ciudad, Tom Schreursweg 48, un suelo que las crónicas de 2017 recuerdan como un sitio donde aún no se había plantado un festival de dance. El 10 de junio de ese año, de mediodía a once de la noche, Susanne van Maanen estrenó komm schon Alter —así, en minúsculas— como festival. Quien llega buscando un club de 2012 se equivoca de formato. El club es prehistoria. El festival empieza en el jardín.
Van Maanen había fundado las noches komm schon Alter años antes, cuando a los treinta y tres ya no se sentía en el público de siempre. El lema es claro: nunca se es demasiado mayor para bailar. El festival hereda el corte de edad —24 años o más, una media que las notas sitúan en torno a treinta— y lo lleva al césped. No es un gesto de exclusión caprichosa. Es una tesis de ambiente: menos complejo juvenil, más sitio para quien quiere oír deep house y techno sin la pelea de la fila adolescente. El nombre alemán en una ciudad neerlandesa ya dice el humor: ven, anda, que no eres tan viejo.
El oído es house y techno, con un ala deep que las crónicas del debut no sueltan. Patrice Bäumel, Eelke Kleijn, Einmusik en vivo, Giorgia Angiuli, Monkey Safari, Marcus Worgull y el residente Malbetrieb sirven para oír el rango: melodía, live, un techno que no pide un almacén oscuro para existir. Tres escenarios —el principal, Einmusika, uno más íntimo— caben en un parque que no finge ser un recinto de vallas infinitas. Los nombres no son una lista de trofeos. Explican que el día lo elige una organizadora que viene del club, no una agencia que mezcla géneros para llenar filas.
La experiencia se infiere del formato real. Se llega al oeste, se camina entre huertos, se entra a un jardín que de día aún parece campo. Hay sol de junio o un cielo gris de Ámsterdam. Se baila de tarde con luz y de noche sin fingir que el after está en otro barrio. El encuentro se vendió como un trato distinto: sin colas ridículas, sin tokens caros, sin baño de pago. Eso no es un eslogan vacío si se oye contra el circuito dance de la ciudad. Quien viene con treinta años entiende el contrato: se le pide edad, se le ofrece un parque, se le ahorra el ritual de humillación de la pulsera.
En 2018 el formato se vendió otra vez —las entradas se agotaron— y el jardín volvió a llenarse sin que este texto lo convierta en «lo que viene». Se relata como demanda, no como promesa. Un segundo año que se llena confirma que el corte 24+ no era un truco de una sola tarde. No se afirma aquí una continuidad infinita. Se afirma que el público de van Maanen existía fuera del club, y que Tuinen van West lo sostuvo cuando las entradas se acabaron.
Hay que no mezclar este jardín con un techno de almacén del centro ni con un open-air de dieciocho años. komm schon Alter es el de van Maanen, el de 2017 en Tuinen van West, el de las minúsculas y el de la edad en la puerta. Mezclarlo con un ADE de semana larga es mezclar un domingo de parque con una industria. El sitio .de y el nombre alemán no convierten el festival en un evento de Berlín. El suelo es Ámsterdam. El oído es deep house y techno de un público que ya no pide permiso para tener más de veinticuatro.
El club de 2012 presta el nombre y la terquedad. El festival presta el horizonte. Quien los funde en una sola fecha borra el salto: de la sala al huerto, de la noche al día entero, de un público de club a un público de césped. Van Maanen lo dijo sin disfraz: seguiría hasta los cien. Esa frase no es un calendario. Es el carácter. El parque del oeste aceptó esa terquedad un 10 de junio, con tres escenarios y un corte de edad que el resto del circuito trataba como rareza.
Quien vuelve al tranvía con hierba en los zapatos entiende por qué el club no se quedó en la oscuridad. Entre Tuinen van West y las minúsculas, entre Bäumel y Malbetrieb, entre los 24 años de la puerta y las once de la noche, Ámsterdam tuvo un festival de house y de techno que no le pidió prestada la adolescencia a nadie. Susanne van Maanen presta la tesis; el huerto presta el suelo. Lo que queda es un komm schon Alter que aprendió a ser jardín sin dejar de ser, en el fondo, un empujón en alemán: anda, que aún se baila.
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