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2 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
Números, sede y manías de la casa
En De Zon, comprar la entrada implica aceptar una pequeña provocación: no saber quién va a tocar. Mientras casi todos los festivales electrónicos compiten anunciando nombres cada vez más grandes, ordenándolos por tamaño tipográfico y dosificando revelaciones durante meses, este encuentro de Amsterdam ha convertido el secreto en parte del contrato con su público. Se conocen la fecha, el lugar, los conceptos de los escenarios y la clase de disparate que prepara la organización; los artistas pueden esperar. Esa inversión resume bastante bien su carácter. De Zon no quiere que la jornada se organice alrededor de perseguir DJs específicos, sino alrededor de amigos, sol, baile y una sucesión de espacios cuya personalidad puede ser más importante que el nombre detrás de la cabina.
La primera edición documentada apareció el 19 de mayo de 2013 en Sportpark Spieringhorn, durante el domingo de Pentecostés. Pleinvrees participaba entonces en la organización y el evento agotó entradas, ya con esa mezcla de house al aire libre, humor y actitud poco solemne que luego se volvería reconocible. Un año después, De Zon se trasladó a De Oeverlanden, una zona verde junto a Nieuwe Meer donde bosque, pequeños tramos de playa y agua producían una sensación sorprendentemente vacacional dentro de Amsterdam. En 2014, BandjeBandje, Next Monday’s Hangover y Pleinvrees aparecían detrás del proyecto; la programación permanecía oculta hasta el propio día del festival. Esa confianza era importante: vender antes de revelar artistas solo funciona cuando el público empieza a considerar la fiesta, y no el cartel, como el verdadero producto.
Durante aquellas primeras ediciones, la música sí tenía una columna vertebral bastante clara. Antal, Massimiliano Pagliara, Alle Farben y Culoe De Song aparecen entre los nombres recuperados de 2013 a 2015, situando a De Zon dentro de un momento de Amsterdam muy ligado al house, disco y deep house. Pero el festival nunca trató esa seriedad musical con demasiada reverencia. Sus comunicaciones jugaban con códigos de vacaciones baratas, bronceado, ropa de verano y consejos deliberadamente absurdos; la estética imitaba y se burlaba al mismo tiempo de la enorme oferta de festivales “underground” de la ciudad. Cover bands, teatro tropical, artistas locales y actuaciones extrañas comenzaron a convivir con DJs respetados. La broma no consistía en que la música fuera mala, sino en negarse a comportarse como si disfrutarla exigiera solemnidad.
También cambió de casa con una frecuencia poco habitual. Después de De Oeverlanden, De Zon pasó por Blijburg, la playa urbana que durante años funcionó como uno de los grandes escapes estivales de Amsterdam. Allí se celebraron las ediciones de 2017 y 2018, con Session Victim y Lauer entre los nombres posteriormente documentados. En 2019 llegó a NDSM-werf, sustituyendo arena y vegetación por grúas, hormigón, antiguas estructuras industriales y el frente de agua de Amsterdam-Noord. Ki/Ki y Zombies in Miami estuvieron entre los artistas de aquella etapa. Cada traslado cambiaba el aspecto del festival, pero no la lógica: un domingo de Pentecostés, un solo día, sin camping y con la posibilidad de regresar a casa o seguir la noche en la ciudad.
La pandemia rompió esa continuidad. La edición de 2020 fue cancelada por las restricciones neerlandesas y la de 2021, primero anunciada para mayo y después desplazada a agosto, tampoco llegó a realizarse. El regreso llegó en 2022 en NDSM-werf, con una versión que mostraba hasta qué punto De Zon había dejado de ser simplemente un festival de house. Había áreas dedicadas a rave, deep house, trance, tech-house, techno y electro; otras se movían por house, disco, balearic, boogie, IDM, breakbeat e italo, mientras pequeños escenarios acogían directos y propuestas más difíciles de clasificar. El espectador que acudía sin lineup tenía que fiarse de otra cosa: entrar a una zona porque sonaba bien, porque estaba llena o porque el nombre del concepto resultaba suficientemente ridículo.
En 2023 llegó otro desplazamiento importante, esta vez hacia Tuinen van West, una gran área verde de Amsterdam Nieuw-West. La organización lo explicó casi como cambio de escenario después de “dos años de playa y dos años de ciudad”. Allí la fórmula se volvió todavía más heterogénea. Un espacio podía programar trance y melodic house; otro hip hop, reggaeton, dancehall, R&B y afro; otro punk y noise; y otro smartlappen, après-ski y canciones para cantar en grupo. En 2025, ocho escenarios se disfrazaron de una “Eurotrip” absurda, con destinos inventados como Antalya, Mallorca, Milano o Berlin. Lo importante no era simular realmente esos lugares, sino ofrecer ocho microfiestas con reglas propias dentro del mismo terreno.
Tuinen van West también le ha dado una estabilidad que sus primeras sedes no tuvieron. En 2025 asistieron unas 8,000 personas y Chasing the Hihat describe a su público como predominantemente joven, urbano y de Amsterdam, con una media cercana a los 29 años. No hay camping: se llega principalmente desde la ciudad, en bicicleta o mediante transporte y lanzaderas, se baila durante el día y a las once de la noche la música termina. Esa relación con Amsterdam es esencial. De Zon puede utilizar campos, playas o antiguos astilleros, pero nunca se comporta como una ciudad temporal aislada. Se siente más bien como una enorme fiesta diurna que cada primavera toma prestado un paisaje distinto de la capital y lo devuelve esa misma noche.
La edición del 24 de mayo de 2026 volvió a Tuinen van West con la misma decisión de mantener el programa en secreto y con otro concepto burlón, la “gebakken-lucht-editie”, una celebración de creerlo todo o no creer nada. La web oficial, terminada la jornada, ya invita a preinscribirse para 2027 aunque todavía no haya una fecha exacta publicada. Esa continuidad confirma que el misterio no es un truco que el festival deba abandonar cuando crece, sino precisamente su forma de protegerse de la lógica habitual del mercado. Después de pasar por parques, playas, terrenos industriales y campos del oeste de Amsterdam, De Zon sigue pidiendo algo poco común a una audiencia acostumbrada a comparar lineups: comprar primero la posibilidad de pasarlo bien y descubrir después quién está poniendo la música.
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