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1 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
2023Festival Macumba 2023
Números, sede y manías de la casa
En invierno, De Ven es una pista de hielo al aire libre pegada a la A22, un claro de Velsen-Zuid en el borde del parque recreativo de Spaarnwoude. En julio ese mismo suelo cambia de oficio: tokens, cocina callejera latina y siete áreas que no fingen ser un único escenario con palmeras de plástico, sino un barrio improvisado a las afueras de Ámsterdam. Festival Macumba no empezó en una costa caribeña ni en un recinto de macrofestival. Empezó en una fiesta de club que ya recorría Países Bajos y quiso comprobar si esa energía aguantaba la luz del día.
Esa fiesta se llama Fiesta Macumba. Durante años llenó salas con un público mezclado —edades, acentos, gente de la escena latina local y gente que llegó al reguetón por una noche de club— y llevó su selección a citas como Lowlands, Amsterdam Open Air o Paaspop. En 2018 el equipo dio el salto al aire libre: el 7 de julio instaló el primer Festival Macumba en Ouderkerkerplas, un lago con playa en Ouderkerk aan de Amstel, a un paso de Ámsterdam. El lema era el que aún usan: Música, Amor y Vida. La organización lo dijo sin rodeos: querían que el público sintiera que caminaba por calles latinoamericanas sin salir del país, con hits del momento y con los clásicos con los que mucha gente de la diáspora había crecido. El recinto ayudaba. No era naves ni asfalto; era agua, arena y árboles, un sitio donde el baile de salón y el bloque urbano podían convivir a pocos metros.
La segunda edición, el 27 de julio de 2019, ensanchó esa apuesta. Aparecieron nombres que servían para explicar el cruce de generaciones: Piso 21 desde el pop urbano colombiano, C. Tangana en su momento de mayor proyección, José Alberto El Canario con Mercadonegro del lado de la salsa, Frente Cumbiero desde Bogotá. Hubo áreas con sello de casas amsterdamesas como Waterkant y Club Mystique. El festival ya no era solo la versión diurna del club: era un mapa de escenas. Luego llegó el corte. En 2020 las medidas contra la pandemia aplazaron la fecha al 24 de julio de 2021; en julio de 2021 las restricciones volvieron a impedirlo y la cita se movió al 23 de julio de 2022. El regreso tuvo cara de bachata y de club: Grupo Extra en el escenario principal, Afro Bros, La Máxima, y otra vez el Fiesta Macumba Soundsystem como columna. En 2023, todavía en Ouderkerkerplas, el 22 de julio, el cartel urbano se tensó con Ryan Castro y se abrió a una sensibilidad más cantautor con Vicente García, mientras Mercadonegro seguía anclando la pista de salsa. No fue un crecimiento limpio. En abril de 2024 la organización suspendió esa edición por costes de producción posteriores a la pandemia: no podían, dijeron, ofrecer la misma calidad y mantener un presupuesto sano. Esperaban volver en 2025.
Volvieron, y cambiaron de paisaje. El 19 de julio de 2025, presentada como quinta edición, Festival Macumba estrenó De Ven. Las entradas se agotaron. Boza e Ir Sais ocuparon el peso live del escenario de fiesta; Gerardo Rosales llevó orquesta a la pista de salsa y bachata; Afro Bros empujó la Tropical Stage; Nossa Roda y DJ Tom calentaron Olá Brazil. El traslado no es cosmética. Ouderkerkerplas era lago y playa, casi un día de verano junto al agua; De Ven es recinto de parque junto a una autovía, más dependiente del shuttle que sale cerca de Amsterdam Sloterdijk, del parking de un día y de un público dispuesto a salir de la ciudad para encontrar un claro. El formato sigue siendo compacto: un sábado, de la primera tarde hasta las 23:00, dieciocho años cumplidos, comida y bebida por tokens, taquillas, y en 2026 las puertas cerraban a las 20:00. No hay camping que convierta la cita en un pueblo temporal. A esa hora de la noche la gente se va: en bus de vuelta a Sloterdijk, en coche, otra vez a Ámsterdam. Lo que queda del resto del año son las noches de Fiesta Macumba, que nunca dejaron de existir.
El 18 de julio de 2026 esa geografía se afinó en siete áreas. Fiesta Macumba concentró el reguetón y los himnos de fiesta, con Elena Rose y Young Cister en directo, Paula Cendejas en la franja live y el soundsystem de la casa. Summer Breeze cuidó salsa y bachata, con el debut neerlandés de Gia Fu y Gerardo Rosales y su Salsa Legendaria. La Tropical Stage se quedó con dancehall, afro y Caribe. Olá Brazil cubrió funk, samba y pagode, con Pagood en vivo. FLAMA, nueva ese año, reservó un escenario a cumbia, cuarteto y la fiesta argentina. Lumos dio talleres. Había hasta un área de karaoke. Es fácil imaginar el roce: quien llega a marcar pasos de salsa a media tarde comparte recinto con quien viene más tarde a cantar con Elena Rose y luego se cruza con un bloque de baile funk. Un julio neerlandés puede ser alto y seco; el terreno es de parque, no de orilla. Se camina entre áreas, se elige, se pierde una cosa para ganar otra.
Hacia 2027 la web oficial solo abre una preinscripción, sin fecha concreta publicada. El festival está activo, pero no como una máquina anual infalible: ya paró por virus y por números. Su lugar en Países Bajos no es el del gran latin festival de costa ni el de una rave anónima en el bosque. Es el sábado en que una familia de club —RAIS64 B.V. en Ámsterdam, el equipo de Fiesta Macumba— saca a la luz lo que el resto del año cabe en una pista oscura, y lo reparte en un claro de Spaarnwoude hasta que el shuttle de la noche se lo vuelve a llevar a la ciudad.
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