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HIP HOP - SOUL
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1 ediciones para explorar · futuro, live y pasado
Números, sede y manías de la casa
En Franklin Park ya había música Black mucho antes de que existiera BAMS Fest. Cerca de Playstead Field, las ruinas de Overlook Shelter conservan la memoria de Elma Lewis, que en los años sesenta convirtió una zona abandonada del parque en Playhouse in the Park y llevó hasta allí conciertos, arte y comunidad cuando esos espacios no estaban garantizados para los habitantes Black de Boston. Décadas después, Catherine T. Morris eligió deliberadamente el mismo territorio para levantar Boston Art & Music Soul Festival. Esa decisión evita entenderlo como otro festival de verano instalado sobre césped disponible. BAMS ocupa un lugar que ya tenía historia cultural y utiliza esa historia para discutir una cuestión todavía vigente: quién puede sentirse representado, visible y plenamente bienvenido dentro de la vida artística de Boston.
Morris llegó a esa pregunta después de haber visto otra realidad en Philadelphia. Allí estudió, trabajó alrededor de grandes eventos y conoció una ciudad donde artistas, festivales y espacios ligados a la cultura Black aparecían con una presencia pública que ella no encontraba al regresar a Boston. Antes de conseguir Franklin Park, fundó BAMS Fest, Inc., invirtió sus propios ahorros y pasó años organizando paneles, conciertos, exposiciones y encuentros pequeños mientras construía confianza con artistas, vecinos y autoridades. Su primera propuesta para ocupar el parque fue considerada demasiado ambiciosa. Volvió con otra. En junio de 2018, finalmente abrió el primer festival bajo lluvia y frío poco habituales para la temporada. Aproximadamente 2,200 personas asistieron. Para una organización joven, ese público dispuesto a quedarse bajo impermeables fue una prueba bastante más útil que cualquier discurso sobre potencial.
La programación nació con una regla que continúa siendo esencial: los artistas locales no funcionan como relleno temprano antes de que llegue una estrella nacional. Kindred the Family Soul cerró aquella primera jornada, pero nombres de Boston como Valerie Stephens compartieron un espacio cuya intención era dar legitimidad profesional a carreras que muchas veces encontraban pocas plataformas grandes dentro de su propia ciudad. Eric Roberson encabezó 2019; más tarde llegarían D Smoke, Grandmaster Flash, Rapsody, BJ the Chicago Kid, Lalah Hathaway, Durand Bernarr y Little Brother. Sin embargo, la historia musical del festival se entiende mejor cuando esos nombres aparecen junto a Edo.G, Amanda Shea, Haasan Barclay, DJs locales y artistas seleccionados tras años de seguimiento. Soul, hip hop, R&B, house, jazz, reggae, spoken word y danza se encuentran porque la cultura, más que un género único, organiza el cartel.
El lugar refuerza esa ausencia de fronteras rígidas. Franklin Park es el mayor parque público de Boston y conecta físicamente con Roxbury, Dorchester, Jamaica Plain y otras comunidades que concentran una parte importante de la población Black y Brown de la ciudad. Playstead Field permite que un concierto se comporte también como reunión familiar. Mientras el escenario principal concentra actuaciones, KidChella abre espacio a artistas jóvenes, las clases de Beat Feet convierten distintos lenguajes de danza afro-diaspórica en participación colectiva y Vendor Village coloca a pequeños negocios dentro de la economía real del día. Soul Food Row no funciona simplemente como área para resolver el almuerzo: reúne cocinas relacionadas con las comunidades que el festival quiere reflejar. Se puede pasar de un rapero a poesía, de una clase de movimiento a comprarle directamente a un emprendedor local sin sentir que se ha abandonado la misma conversación cultural.
Esa forma de ocupar espacio público se volvió todavía más importante después de la pandemia. En 2020 el festival presencial desapareció y en 2021 BAMS produjo actuaciones virtuales bajo Amplify the Soul, manteniendo artistas pagados y una audiencia que llegó mucho más lejos que Boston. El regreso de 2022, con más de diez mil personas en Franklin Park, confirmó cuánto se había ampliado la comunidad durante la interrupción. En 2023 la organización añadió programación profesional para músicos y creativos y extendió el encuentro durante varios días; en 2024 el festival principal ocupó dos jornadas con Rapsody y BJ the Chicago Kid entre los nombres centrales. BAMS ya no era solamente una tarde de conciertos. Empezaba a funcionar como infraestructura cultural: escenario, mercado, espacio de formación, punto de encuentro y demostración pública de que existía una audiencia que durante mucho tiempo había sido subestimada.
El crecimiento, sin embargo, no ha sido lineal ni cómodo. En 2025 las obras alrededor de White Stadium redujeron considerablemente el espacio disponible en Franklin Park, obligando al festival a pasar de dos días a uno. Lalah Hathaway, Durand Bernarr y Little Brother encabezaron esa jornada junto a artistas de Boston, mientras Vendor Village, Soul Food Row, danza y programación juvenil continuaron ocupando un terreno más compacto. Aun así, la organización registró su mayor audiencia hasta entonces. Esa tensión resulta muy BAMS: más gente queriendo entrar justo cuando hay menos espacio físico y mayores presiones económicas para producir. La entrada accesible y los solidarity tickets ayudan a mantener la idea de que la comunidad no debería quedar excluida por precio, pero al mismo tiempo el festival necesita pagar artistas, personal, seguridad, producción y proveedores en una ciudad extraordinariamente costosa.
En 2026 esa tensión obligó a cambiar todavía más. BAMS anunció que su festival tradicional haría una pausa hasta junio de 2027, pero no desapareció. MOMENTUM expandió la programación por Greater Boston con conversaciones, poesía, fiestas, exposiciones y colaboraciones, mientras el 27 de junio apareció BAMS Festival: Play Playe Edition. El plan inicial era regresar a Playstead Field, pero el aumento de costos y una brecha de financiamiento llevaron el encuentro a The Record Co. en Dorchester. También cambió la música: en lugar de grandes bandas nacionales, DJ Jazzy Jeff encabezó una jornada de DJs, baile, juegos, jóvenes artistas, comida y pequeños negocios. Fue una reducción de producción y, a la vez, una prueba de qué partes de BAMS podían sobrevivir cuando se retiraba temporalmente el formato que el público ya conocía.
El regreso tradicional está anunciado para junio de 2027, aunque todavía no tenga fecha, lugar ni cartel definidos. Lo interesante será descubrir no cuánto crecerá, sino qué significará volver después de un año en que el dinero, la construcción urbana y la disponibilidad de espacio obligaron a desmontar su fórmula. BAMS nació porque Catherine Morris consideró que Boston necesitaba un lugar de gran escala donde la creatividad Black no tuviera que justificarse como programación periférica. Franklin Park convirtió esa idea en continuidad histórica con Elma Lewis; Play Playe demostró que la organización podía moverse cuando el terreno material se complicaba. Entre ambas etapas queda una pregunta que el festival nunca ha escondido: no basta con reunir a una comunidad una vez al año; hay que conseguir que la ciudad siga haciendo espacio para ella cuando hacerlo se vuelve difícil.
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